La Cuba.

 

La odre le daba al vino un sabor especial, al darse una mano de esta materia viscosa al interior del ánfora para impermeabilizarla le daba un sabor a pescado. Finalmente llegó la cuba y con ella la vinificación hizo grandes progresos. La primera venteja que presenta la cuba es que no entorpece la maduración del vino: mientras dura la fermentación, se puede mantener abierta la piquera si la «respiración» del vino no es suficiente. Asimismo, proporciona tanino al vino joven. Este punto es tan importante, que en muchos lugares los vinos de clase se meten en toneles de roble nuevos.

 

Recordemos que así como más tiempo se guarde el alcohol en barricas mejor resulta, con los vinos no pasa lo mismo: corre el peligro de secarse o de tomar un olor a madera muy desagradable. Un vino puede ser peor que otro, aunque tengan el mismo origen simplemente por retrasar una semanas su embotellado.  Es cierto que los profesionales nunca cometen errores semejantes, pero un aficionado puede equivocarse.

barrica

 

La cuba es de una utilidad extraordinaria, pero costosa y de manejo delicado. Si esta mal cuidada se estropea pronto y a menudo, de forma irremediable.  Cada vez que se vacía hay que lavarla con agua salada e hirviendo. El aclarado debe hacerse con agua fría. Una cuba nueva debe lavarse con varios litros de vino caliente. En el caso de que no vaya a usarse inmediatamente, hay que dejarla que escurra bien y a continuación, azufrarla; esta ultima operación debe repetirse cada seis meses.

 

Antes de usar una cuba hay que asegurarse de que esté perfectamente limpia. Para saberlo se introduce en ella una vela encendida sujeta con un alambre. El tártaro de las paredes interiores debe estar brillante y sin manchas. Si aparece sobre el una espuma amarillenta que, al rasparla, deja un residuo negro la cuba ya no vale para nada; cuando esto ocurre, el mejor uso que se le puede dar a la cuba es emplearla como adorno para el jardín.

 

El Poíno.

 

La cuba, llena o vacía nunca debe colocarse contra la pared o sobre el suelo, sino sobre un poíno. Se llama así a un tablado curvo que se coloca sobre ladrillos o sobre maderos a unos cincuenta centímetros de suelo.

 

 

 

 

 

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