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El Ebro
El más renombrado de los vinos de la cuenca del Ebro, dentro y fuera de España, es indudablemente el Rioja, del curso superior del río. Blanco o tinto, se produce en una gran variedad de tipos y calidades. Los mejores Rioja son los de Cenicero, pero algunos que suelen venderse sólo dos años después de la cosecha, apenas superan a los vinos ordinarios de mesa. El vino llamado Rioja no procede sólo de la provincia de su nombre, con capital en Logroño y en centros productores en Haro y Calahorra, sino también de la llamada "Rioja Navarra", centrada sobre todo en Tudela.
Siguiendo el Ebro abajo, ya en tierras aragonesas, se encuentra el Campo de Cariñena, cuyo tinto, fuerte y de mucho cuerpo, es el acompañamiento ideal para platos de ave. Otro vino de características similares es el Somontano, que se elabora en la margen opuesta del río.
La Meseta
Esta región produce el 40% de los vinos españoles, y a su vez se subdivide en tres grupos geográficos: La Mancha, con predominio de blancos ordinarios, aunque los Valdepeñas y de Daimiel son tintos y blancos secos, de no mucho cuerpo, pero que suelen tener una elevada graduación alcohólica. Este grupo manchego comprende también los vinos extremeños de Tierra de Barros.
El segundo subgrupo está al pie de las sierras de Gredos y Guadarrama, y se caracteriza por los buenos tintos de cuerpo, siendo más conocido el de Méntrida (blanco seco y tinto), si bien los centros de Yepes y Arganda producen también buenos caldos.
El tercer subgrupo corresponde a la meseta septentrional y, más particularmente, a la cuenca del Duero (la Ribera), con centros en Valladolid y Zamora. Al sur del río se encuentra la llamada Tierra del Vino, que produce tintos y rosados en Toro y Benavente, y blancos en Nava del Rey y Rueda. En las cercanías de Cebreros, en la provincia de Ávila, se elabora un curioso tinto de color muy oscuro, mucho cuerpo y sabor abocado.
Cataluña
Casi el 30% de los vinos españoles procede de tierras catalanas, cuya producción se concentra en las provincias de Barcelona y Tarragona. La zona vinífera comienza en el curso inferior del Ebro y, atravesando el Valles, se extiende hasta el Ampurdán. Predominan los tintos y blancos de mesa, pero cabe señalar que el 98% de los espumosos españoles se elabora en Cataluña. En el Valles se elaboran vinos y aperitivos, mientras que el Penedés es gran productor de espumosos, en Villafranca y en San Sadurni de Noya. Estos espumosos se asemejan, cuando son de calidad, al Champagne francés aunque su coloración suele ser mas clara.
El Penedés produce unos vinos de calidad, tanto tintos como blancos, premiados en exposiciones internacionales, que están adquiriendo fama fuera de la península gracias a su esmerada elaboración de acuerdo con los más modernos métodos de la enología.
En Tarragona se producen vinos de alta graduación alcohólica, como el Priorato y el Carlón de Benicarló. También existe una variedad dulce similar al Malvasía italiano.
Noroeste

La humedad del clima hace que los vinos de Galicia y, en general del Cantábrico, no alcancen los niveles de calidad que logran regiones más secas y pedregosas. Galicia es célebre por los blancos secos del Ribeiro, ideales para acompañar los mariscos que se pescan en sus costas. Entre los blancos merece mención especial el Albariño. Pero, en cualquier caso, no se prestan para el añejamiento y suelen beberse muy jóvenes. En el País Vasco se produce el Chacolí, vino también muy joven, flojo y ligeramente acre de sabor.
Levante
Esta región produce el 11% de los vinos españoles y su caldo más célebre es el de Jumilla, en Murcia. Se trata de un tinto bastante peleón, dada su graduación alcohólica, aunque no sea fuerte su sabor. En toda la región predominan, los tintos recios, aunque también existen los licorosos dulces.
En la parte Valenciana del Levante destacan los vinos de Liria, Onteniente, Requena, y Utiel, y más hacia el sur, en la provincia de Alicante, los de Elda, Monóvar y Villena. Esta provincia produce además, una excelente uva moscatel.
Andalucía
Sólo el 8% de los vinos españoles de proceden de Andalucia, pero son los mejores y más afamados fuera de la península. Se trata, desde luego, del inefable "fino" por antonomasia, el "JEREZ" (Xéres, para los franceses, Sherry, para los ingleses, y con las tres denominaciones se ha impuesto en todo el mundo) y toda la gama de blancos secos, como la manzanilla y el montilla, si bien existen asimismo las variedades semisecas y dulces. Los principales centros de producción son: Jerez de la Frontera, para el Jerez; Sanlúcar de Barrameda, para la manzanilla, y Montilla y Moriles en la provincia de Córdoba, para los amontillados.
Pero no se agota con estos grandes nombres la vitivinicultura andaluza. También existen tintos y blancos de mesa de buena calidad y en Málaga se produce el vino generoso que lleva el nombre de la ciudad.
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